martes, 30 de noviembre de 2010

Comunidad de San Jerónimo, mi familia en Nicaragua.

Desde que abandonamos Estelí, tras una visita a una de las fábricas de puros
hasta llegar a la comunidad de Venecia en Cantagallo, recorrimos un largo viaje que no por su distancia, sino por su accesibilidad me generó un estado de inquietud por lo que nos íbamos a encontrar.

Llegamos bastante tarde, ya de noche, a la comunidad de Venecia. Allí nos recibieron las familias socias de las dos cooperativas que nos acogerían Venecia y San Jerónimo. Tras el recibimiento nos fuimos mezclando e intercambiando presentaciones.


A partir de entonces viví la experiencia personal más enriquecedora hasta el momento. Teresa Echevarría me acogió como su hijo tras las presentaciones y fuimos a su casa sin a penas ver nada. De camino no pude apreciar como era el entorno en el que me encontraba y al llegar a la casa el resto de la familia dormía. Antes de llegar Teresa me explicó que la casa era de su hija Claudia de mi misma edad con quien vivía junto a sus nietos y yerno, autobusero de la zona, casualmente: Oto.
Amanecí a las 5 de la mañana, en cuanto escuché a uno de sus nietos levantarse ya que tenía muchas ganas de conocer al resto de la familia. José, el "Negro" tiene 7 años, Joaquín 8 y su hermano Óscar 12.
 La casa era de una sola estancia con la cocina de leña y una cortina que separaba la cama dónde yo dormí y entonces, dándome cuenta que no tenía habitaciones, agradecí enormemente su hospitalidad pero me sentía mal por que eramos muchos en la casa y yo había utilizado el lugar más cómodo.
Teresa me enseñó a cocinar tortillas de maíz que José había llevado a moler antes que yo me levantase. No me quedaron muy bien, pero me encantó compartir ese rato preparando el desayuno y dialogando con la familia. Oto no tardó mucho en irse para comenzar la ruta con el autobús y Claudia viajaba a Condega para arreglar los papeles de los estudios de Teresa. Está formándose para poder desarrollar su sueño que es montar un horno de pan en la comunidad.


Más tarde me presentó a Carlos, su otro hijo de 23 años, vivía en la casa de al lado y también se fue temprano para ir a recoger frijoles, me hubiese gustado acompañarle para conocer mejor como recolectan el elemento fundamental de nuestra dieta en estos días..(recordar que tenemos frijoles en desayunos, comidas y cenas en forma de gallopinto)

Dejé a Teresa en la casa mientras seguía cocinando el desayuno ya que los niños tenían muchas ganas de enseñarme el campo de baseball, una explanación en lo alto de la montaña, y el molino.


Me gustó mucho que poco a poco íbamos hablando cada vez más y me sentí como un niño más jugando con ellos. Aunque después también me demostraron no era tanta su niñez por que desde bien pequeños ya ayudaban a Teresa en su cafetal.

Fuimos Joaquín, Oscar, José, Teresa y yo al cafetal. No estaba la situación para recoger granos, ya que le quedaba mucho por limpiar y nos pusimos pronto con el machete a "chapear". Estaba perdidísimo y a la vez impresionado por la vegetación y la verdad que no veía las plantas de café por ningún lado, a punto estuve de llevarme alguna con el machete pensando que era maleza (monte le dicen ellos). Teresa me contó que ella ya no podía trabajar la tierra por problemas de salud y que como ya había terminado el colegio sus nietos le ayudaban..así que me quedé con ellos limpiando y recogiendo algo de leña para la cocina.

Me gustó mucho poder compartir ese momento con ellos por que me enseñaron muchas plantas, animales e historias para asustarme dentro de la selva, dejamos media hectárea chapeada y nos pusimos a recoger leña, Oscar me enseñó a utilizar las hojas de la planta del guineo (plátano) para amarrar la leña que llevaríamos a Teresa para cocinar. ¿Entonces cómo trabajáis allí para apilar la leña? me decían..Pudimos hablar mucho tiempo mientras bajábamos de nuevo a la comunidad y hacíamos algún descansito que se alargaba por la de preguntas que me hacían y el tiempo que pasamos haciendo fotos.

Cuando llegamos para la comida Teresa había conseguido algo de Ayote que le había su vecina, era una especie de mermelada mezclada con miel que me supo riquísimo, también por fin probé el pinolillo del que ya nos habían hablado el día anterior, esa mezcla de maíz, cacao, canela y clavo..
Y eso era solo para empezar..sopa de gallina, gallopinto, las tortillas que hicimos por la mañana..como decía Teresa, otra cosa no, pero comida que no falte, yo no puedo estar más agradecido!!

He aprendido mucho con Teresa y su familia, conversando con sus "padres" en la comunidad, hablamos del café, la guerrilla, de la alfabetización, de reforestación, de la disponibilidad de recursos básicos como el agua y la luz..y la verdad que yo poco a poco me quedaba sin palabras, por que cualquier preocupación que pudiese tener yo se me hacía insignificante e incluso me daba cierto apuro tener que explicar que en España hay crisis. Ellos humildemente luchan por cubrir las necesidades básicas, las mismas de todo el mundo, eso no cambia estemos dónde estemos y nosotros a veces nos quejamos por que no podemos cubrir las que nos vamos creando (añadidas) por una vida ambiciosa y a veces muy egoísta.
Al día siguiente pudimos disfrutar de juegos y dos piñatas con casi todos los niños de la comunidad, lo pasamos genial! Aunque me daba cierta pena por que aunque convivimos poco tiempo me encariñé con toda la gente de San Jerónimo y nos teníamos que despedir..no sin dejar de prometernos que nos volveríamos a ver, ojalá que si!

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